Mi amiga la ansiedad

Aventurarse causa ansiedad, pero no aventurarse es perderse a uno mismo. Y aventurarse en el más alto sentido es justamente tener consciencia de sí mismo” KIERKEGAARD

Hoy hablemos de mi amiga la ansiedad, esa que últimamente es mucho más famosa gracias a nuestro adorado confinamiento, cortesía del Covid 19, esa que llega en situaciones de incertidumbre y la cual podría considerarse el monstro torturador de decisiones grandes o pequeñas, de la cual difícilmente te salvas porque aparece siempre que se ve amenazada nuestra seguridad con relación a algún aspecto significativo para nosotros. 

¿Quién de nosotros no ha experimentado esa sensación de ahogo, de falta de aire y ese fastidioso hueco en el estómago que parece que nunca se va a ir? ¿A cuántos nos pasa que sentimos esa necesidad de salir corriendo cada vez que nos vemos enfrentados a una decisión importante? O díganme si soy el único ser en este mundo que siente temor ante la perplejidad generada por un cambio de objetivos, una ruptura amorosa, una entrevista de trabajo, una primera cita o mil situaciones más que nos sacan de nuestra zona de confort. 

Si te identificas con una o más de las características que ya mencioné arriba, ¡FELICITACIONES! Has experimentado la ansiedad en mayor o menor medida y definitivamente puedo asegurarte de que eres un ser humano funcional. Tener cualquiera de esas sensaciones generadas por la ansiedad es completamente normal y debemos aprender a no satanizarlas, sino por el contrario a acogerlas, pues no se van a ir por arte de magia y solo se alejan en el mismo instante en que te enfrentas valientemente a esa situación que la genera. 

¿Pero qué es la ansiedad en términos generales? Es una respuesta emocional que apunta a diferentes manifestaciones tanto físicas y psicológicas que normalmente no se dan por peligros reales, sino a la anticipación de peligros futuros, no definidos y que no se pueden predecir y su intensidad puede variar de acuerdo con cada persona y a la situación a la que se vea enfrentada.

Sería muy sencillo abrir nuestro buscador en internet y buscar rápidas y efectivas soluciones que pretendan eliminar la ansiedad o al menos invisibilizar sus síntomas y así poder vivir felices por siempre, pero lamento decirte que los seres humanos no somos una receta de cocina cuya preparación queda perfecta cuando seguimos cada uno de los pasos que nos recomiendan. Lo que te funciona a ti, puede que no me funcione a mí y está bien porque nuestros procesos son distintos.

Suena obvio pero cada uno de nosotros somos un universo diferente al otro, con miles de posibilidades y la manera de lidiar con la ansiedad dependerá de la manera en la que te hayas conectado con el mundo y con el valor que le des a tus experiencias. Claro, no voy a negar que las manifestaciones y características de la ansiedad son muy parecidas entre todos nosotros, pero la forma de experimentarla se va a dar a partir de nuestras propias vivencias con el mundo.

No quiero que veas la ansiedad como un síntoma patológico o de locura, sino más bien como una experiencia que se da a partir de la capacidad que tienes de darle valor y significado a cosas, situaciones y/o personas, por lo que buscas la manera de proteger todo lo que te parece primordial y ante la amenaza de poner en riesgo la estabilidad de lo que te genera valor llega la ansiedad en todo su esplendor.

Es importante hacer énfasis en que la ansiedad hace parte de nuestra realidad y va a estar presente a cada instante ya que es una reacción natural frente a la posibilidad de no poder alcanzar lo que deseamos, es transcendental aprender a vivir con ella en la medida que debemos tomar postura en pro de nuestro crecimiento personal, ya que una ansiedad mal llevada puede ser altamente destructiva pues nos puede llegar a restringir en grandes decisiones y hasta en nuestras labores cotidianas.

Una ansiedad bien manejada te lleva a enfrentar directamente las situaciones habituales, aun cuando estas pueden amenazar aspectos representativos o importantes en tu vida, esto se da gracias a un nivel de conciencia de lo que te ocurre cuando la experimentas ya que tienes la capacidad de identificar asertivamente una situación objetiva que puede o no generar peligro y tomar acciones frente a ella, lo que da como resultado la desaparición de los síntomas ansiosos. 

La ansiedad puede darte el impulso para actuar a pesar del temor y de la incertidumbre que traen las situaciones amenazantes. Esta queridísima experiencia no nos deja ni a sol ni asombra, ella se queda ahí expectante e influyente para llevarnos a decidir y preservar todo lo que tiene significado.  

Pero no todo es color de rosa, tener un mal manejo de la ansiedad te puede llevar a huir deliberadamente de las situaciones que generan el malestar, y déjame decirte que esta huida no va a eliminar los síntomas ansiosos, sino que estos se van a presentar de manera exagerada y esa sensación de intranquilidad no se va a ir, aunque la situación de amenaza desaparezca. 

En este caso, puedes restringirte y esto crea un auto encierro lo que bloquea la posibilidad de que vayas más allá de ese síntoma molesto que no te deja avanzar. Las circunstancias que ves como amenazantes se convierten en peligros desproporcionados que te reprimen y crean un conflicto interior porque te enfocas en la manera de evitar la ansiedad y no en identificar lo que te genera valor y crecimiento y esto dará como resultado sentirte mal contigo mismo y el malestar será mucho mayor.

Pero insisto en que no quiero satanizar a la ansiedad, todo lo contrario, quiero invitarte a que tomes conciencia de ella y te des la oportunidad de construir a partir de esas experiencias que la crean, asumiendo una actitud de apertura frente a su aparición ya que esto te permitirá ver todas las posibilidades de decisión que tienes a tu disposición cuando ella aparece en tu cotidianidad

Deja un comentario